Cuando fue la ultima vez...
- MG Coach
- hace 1 día
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Cuando fue la última vez que te sentaste contigo misma
Vivimos corriendo.
Corriendo para cumplir con el trabajo.Corriendo para cuidar de la familia.Corriendo para responder mensajes.Corriendo para llegar a todo.
Y, sin darnos cuenta, pasamos años sin detenernos a hacer una pregunta tan sencilla como incómoda:
¿Cómo estoy realmente?
No cómo me veo.
No cuánto peso.
No cuánto he producido esta semana.
Sino…
¿Cómo está mi corazón?
Hace unos días pensaba en esto mientras hacía una pausa en mi rutina.
Me di cuenta de que muchas veces buscamos soluciones para problemas que en realidad nunca nos hemos permitido comprender.
Queremos eliminar la ansiedad sin preguntarnos qué la está alimentando.
Queremos dejar de comer por emociones sin descubrir qué vacío estamos intentando llenar.
Queremos tener paz... sin detenernos a escuchar el ruido que llevamos dentro.
Y ese es el gran problema de nuestro tiempo.
Nos enseñaron a ocupar cada minuto del día, pero nadie nos enseñó a permanecer unos minutos en silencio con nosotras mismas.
El silencio incomoda.
Porque en el silencio aparecen las heridas que llevamos evitando.
Las preguntas que hemos pospuesto.
Los sueños que enterramos.
Y también aparece Dios.
No con ruido.
No con prisa.
Sino con esa voz suave que tantas veces dejamos de escuchar porque vivimos distraídas.
En el Primer Libro de los Reyes leemos que el Señor no estaba en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego.
Estaba en «el susurro de una brisa suave» (1 Reyes 19, 12).
Qué diferente sería nuestra vida si cada día encontráramos unos minutos para apagar el ruido del mundo y volver a escuchar esa voz.
Tal vez descubriríamos que el problema no es que Dios haya dejado de hablarnos.
Es que hace mucho dejamos de guardar silencio.
Hoy quiero invitarte a hacer algo muy sencillo.
Antes de terminar el día, guarda diez minutos.
Sin el teléfono.
Sin televisión.
Sin música.
Sin hacer nada.
Simplemente siéntate.
Respira.
Y dile al Señor:
"Aquí estoy. Háblame. Quiero volver a escucharte."
Puede parecer un gesto pequeño.
Pero muchas veces las transformaciones más profundas comienzan con un momento de silencio.
Gracias por leerme nuevamente.
Me alegra saber que, después de tanto tiempo, volvemos a encontrarnos por aquí.
Nos leemos muy pronto.
Con cariño,
Margeric




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